Última ronda al final del camino
El cartel de neón parpadeaba entre la niebla espesa como un faro agotado.
Dentro del bar apenas quedaban almas, solo el rumor del hielo contra los vasos y una canción vieja que nadie había pedido.
Mateo limpiaba la barra con movimientos lentos, casi ceremoniales, mientras observaba a los últimos clientes de la noche.
A una mesa del rincón, una mujer hojeaba una libreta gastada sin levantar la vista.
Llevaba un abrigo demasiado grueso para el verano y los dedos manchados de tinta azul.