El catálogo de los fraudes menores
Cuando Javier heredó el viejo piso de su tío Arturo en el centro de Madrid, no esperaba encontrar mucho más que polvo, recuerdos y tal vez algún mueble antiguo de valor sentimental.
El piso olía a humedad y a naftalina, y cada rincón parecía esconder un secreto del pasado excéntrico de su tío.
Sin embargo, al abrir el armario del despacho, que llevaba años cerrado con llave, descubrió un libro encuadernado en cuero marrón con un título grabado en letras doradas que rezaba: «Catálogo de fraudes menores».
La curiosidad le llevó a hojearlo aquella misma noche, sentado en el sofá desvencijado de la sala, mientras el ruido del tráfico se filtraba por la ventana entreabierta y las sombras bailaban en las paredes.
El catálogo contenía descripciones meticulosas de estafas aparentemente insignificantes, desde la venta de entradas falsas para espectáculos hasta el timo del billete de lotería premiado, pasando por la clásica artimaña del cambio en el supermercado.